Que era una ilusión viose a las primeras de cambio. La psicopatología positivista de un Wernicke era impracticable; la psiquiatría localizacionista del propio Wernicke, de Meynert, de Charcot no era menos especulativa que las "explicaciones" que pretendía sustituir. Wundt, que consiguió hacer de la psicología en última instancia fisiología, de acuerdo al lema de Johannes Müller, al constituir el híbrido que denominó psicología fisiológica hizo entrever en toda investigación psicológica lo que de fisiológico había, pero lo psíquico se volatilizó. Más necesitado de sujección a una pragmática, la que confiere el trato con el enfermo, Kraepelin no sustituyó la descrpción coloquial de los cuadros clínicos por el nomenclator neurológico, aparentemente más científico pero paralizante y rígido, sino que remitía a lo neurológico tan solo como metáfora (por ejemplo, la tan desafortunada del sistema delirante como "quiste"), mediante la cual se trataba de recordar a los psiquiatras que en último término debían contar con el cerebro. [...] La remisión de todo estudioso de cualquier nivel de la realidad al "último" nivel, es decir, alf ísico, nos igualaría a todos, en aquella ilusa y deseada pretensión de "ciencia unificada" que fue la última gran ingenuidad del positivismo, y que los mismos positivistas se apresuraron a desechar.
[...] Pues la psiquiatría no ha de ser "más ciencia", permítaseme la expresión, porque sea neurológica, en útlima instancia, fisicalista, sino porque sitúe exactamente el nivel de la realidad en que tiene lugar lo psico(pato)lógico, porque plantee correctamente su relación con el nivel biológico "por abajo", y el nivel sociológico "por arriba", y porque en momento alguno renuncie a la peculiaridad de lo psicológico, renuncia que tiene lugar cada vez que el modelo psicológico se trasvasa al modelo físico o fisiológico (reflexología, conductismo, isomorfismo de los gestaltistas, etc).
[...] Un modelo de acto de conducta sin contar con el sentido es como un modelo de parto sin feto que parir: ese es el modelo fisiológico de lo psíquico, de lo mental.
[...] El que las perturbaciones metabólicas en las psicosis esquizofrénicas y psicosis afectivas se sitúen, obviamente, en el nivel bioquímico no acerca estas psicosis a las psicosis cerebrales, sino que las homologa con las notorias modificaciones metabólicas que hacen posible los actos de conducta normales, a saber, el pensar, el soñar, el percibir, el emocionarse, actos todos cuyos mecanismos neurofisiológicos interesan a otro nivel de investigación, pero no precisamente en aquel nivel en el que se sitúa el sentido del acto.
En lugar, pues, de excluir el mentalismo como recaída, con este, en lo acientífico, en lo prelógico y cuasi en lo mágico, el esfuerzo real para el logro de la identidad de la psico(pato)logía y de la psiquiatría estriba en la construcción de un modelo de lo mental. [...] Una vez más, el psiquiatra de hoy se ha dejado coger en la trampa de la aparente base argumental que la terapéutica farmacológica ofrece al modelo fisicalista, y se convierte en un empirista, usuario del modelo mecanicista más rudimentario.
Córdoba, 1978
C. Castilla del Pino